No era la noche más sencilla para debutar en Madrid. Mientras Noches del Botánico abría sus puertas para recibir al nuevo proyecto de Tom Rowlands (Los hermanos químicos) y Auroraen la otra punta de la ciudad el loco genial inauguraba una nueva edición con nombres tan potentes como el arrasador mobyla testosterona caducada de Foo Fighters o la elegancia de Wolf Alice. El resultado fue un recinto lejos del lleno habitual, con la imponente grada del Botánico prácticamente desierta y buena parte de las barras del festival cerradas, una imagen nada frecuente en el ciclo madrileño. Pero las cifras dejaron de importar en cuanto comenzó a sonar «Hacer sonar la alarma«.
Quien vaya a ver a TOMORA pensando que van a ser la potencia rítmica de Los hermanos químicoso que va a ver un vehículo de lucimiento exclusivo de AURORApuede salir algo decepcionado, o (quien sabe) convertido a la religión de la nueva formación. Lo suyo es un viaje donde la electrónica, el pop experimental y la interpretación escénica se funden hasta convertir el concierto en prácticamente una obra de arte contemporáneo.

En directo, el dúo se transforma en trío gracias a la incorporación de Amalie Holt Kleivecantante y multi instrumentista que multiplica los matices del espectáculo. Mientras Tom Rowlands permanece al fondo del escenario, rodeado por una gigantesca mesa semicircular que recuerda tanto a una nave espacial como a un laboratorio sonoro, Aurora y Amalie ocupan cada rincón del escenario alternando voces, sintetizadores, percusión electrónica y una coreografía y outfits constantemente cambiantes.
En un principio la presencia de Tom Rowlands puede resultar casi invisible frente al magnetismo escénico de sus compañeras, pero solo hay que observar cómo manipula cada textura y cada transición para comprender que sigue siendo el arquitecto del sonido que marcó varias generaciones de amantes de la electrónica. No solo eso, que abrió el camino para muchos que no habían escuchado electrónica en su vida. Siempre a sus pies.

El público también formó parte del espectáculo. Junto a seguidores veteranos de The Chemical Brothers (apostados más en retaguardia, cerveza en mano y pensado que una vez tuvieron pelo) mientras que los jóvenes en primera fila, vestidos con una explosión de color, purpurina y estética queer, en buena medida atraídos por la figura de AURORAcuya defensa de los derechos LGTBI no es ningún secreto.
Es obligatorio pararse un momento en la labor de realización en directo de todo el tema visual. Las pantallas envolventes ofrecieron una realización impecable, con una sucesión de imágenes perfectamente sincronizadas con la música, mientras varias cámaras repartidas por el escenario aportaban una narrativa cinematográfica. Especialmente efectiva resultó la cámara frontal situada en el centro del escenario, utilizada repetidamente por AURORA y amalia para dirigirse directamente al público, jugueteando tanto con la gente de la pista, como los (pocos) que estaban en gradas.

En cuanto al repertorio, pocas sorpresas, estaba claro que serviría para presentar prácticamente al completo el material de Acércate (Universal 2026) con momentos muy celebrados como «My Baby», «Somewhere Else», «I Drink The Light» o la propia «Come Closer». También hubo espacio para estrenar en directo «Have You Seen Me Dance Alone» y presentar «What Do We Got», una canción inédita (como explicó la propia Aurora) que apunta a que el proyecto ya mira más allá de su debut.
Las concesiones al pasado llegaron con dos composiciones de Los hermanos químicos, «The Universe Sent Me» y «Eve of Destruction», reinterpretadas desde la sensibilidad de TOMORA, mientras que «Starvation» y «My Body Is Not Mine» recordaron que Aurora es, además de una excepcional front woman, una efectiva compositora.

Parecía que todo había acabado, pero el trío fue “obligado” a salir por el insistente público. Y ahí llegó «In A Minute», convertida en un bis tan festivo como hipnótico, coronado por la aparición del enorme gato animado, que los acompaña en mucho del arte de sus singles, presidiendo la pantalla principal. Un final que, por momentos, recuperó parte de la euforia rave asociada a Los hermanos químicosaunque tamizada por ese aura de ensoñación que define esta nueva aventura.
Mientras marchábamos por el paseo de la ciudad universitaria era inevitable hacernos la pregunta de rigor ¿Tiene TOMORA recorrido o estamos ante un simple divertimento de dos estrellas, que necesitaban alejarse de sus carreras?

Pues después de ver la complicidad existente entre Rowlands, AURORA y amalia sobre el escenario cuesta creer que se trate únicamente de un proyecto pasajero. Hay química, un lenguaje propio que demuestran en directo y canciones suficientes para construir una identidad alejada tanto del universo Los hermanos químicos como del imaginario habitual de la noruega.
Solo el tiempo contestara realmente a esa incógnita. Lo que sí quedó claro en Madrid es que TOMORA es una propuesta tan sólida y original como para reclamar su propio espacio.
Fotos TOMORA: Fernando del Río