Kevin Morby vuelve a las andadas (nunca mejor dicho) con Poco abierto (Dead Oceans), un disco que cierra una trilogía de homenaje a Kansas que se inició con Esta es una fotografía (2022) y continuó con Más fotografías (un continuo) (2023). Tres discos donde el cantautor y multiinstrumentista ha tejido un viaje musical y emocional a través de sonidos frenéticos, aires de pop psicodélico y folk nostálgico reflejando su ansiedad por encontrar su sitio, huyendo de la soledad en un viaje continuo de conversaciones introspectivas.
Un recorrido vital donde kevincomo esas mariposas que revolotean anhelando el vuelo, ha logrado liberarse de todos los problemas que le invadían para asentarse en el bienestar de su familia y su hogar. Un camino que le ha llevado desde su infancia en el Medio Oeste a sus años en Brooklyn, dónde comenzó subsistiendo como repartidor y camarero hasta labrarse una trayectoria musical que comenzó como bajista con nuestros añorados Woods (con quienes grabó cuatro discos), pasando por un proyecto fugaz con los bebesantes de comenzar con su trayectoria en solitario. Un largo y fructífero camino que ha ido paralelo a su vida personal, ya que, tras sus años en Nueva York y Los Ángeles, ha vuelto a sus raíces tejanas.
Y así lo muestra la portada del álbum, con una imagen de una ventana abierta hacia un campo de girasoles. Una salida exterior de un mundo oscuro de tormentas a un presente más luminoso, gracias a las últimas experiencias vitales como su inminente paternidad y una posible boda. Y es que, si en sus primeros trabajos morbi intentaba huir y buscar respuestas, en poco abierto, parece haber aparcado los viajes para volver a sus orígenes.
Tras la tormenta llega la calma, y en el caso le ha llevado a crear una obra que transmite paz; esa paz tan anhelada en discos anteriores a través de un sonido acústico y cálido, orgánico y sin artificios. Ahora sus melodías se desnudan en un mapa emocional que nos cautiva y nos muestra la madurez emocional de quien ha encontrado su lugar, en su caso en un rancho en el Medio Oeste junto a su pareja, la también cantautora Katie Crutchfield (cerahatchee), convirtiendo el futuro en una promesa de bienestar y estabilidad. Para esta transición existencial, ha recurrido al guitarra Aaron Dessner de El Nacionalcon quienes actuó de telonero y quien se ofreció como productor.
Así, entre paisajes áridos a lo road movie y carreteras solitarias con pequeños poblados de fondo, compone un escenario situándose entre la influencia de los clásicos (Neil Young, Johnny Cash, Bob Dylan, Bruce Springsteen oh Tom Petty) y el country alternativo, construyendo melodías acústicas llenas de emotividad y una atmósfera emocional apoyada en arreglos orquestales sobrios pero llenos de calidez. Todo aderezado con grandes colaboraciones, para convertir su experiencia solitaria en una acción comunitaria, fusionando así lo mejor del folk tradicional con la experimentación pop.
En una entrevista en Pitchfork confesó que “la falta de acceso a la cultura hace que un Midwesterner tenga una sed de vida. Me llevó mucho tiempo darme cuenta de la belleza del Midwest en sí”. Quizás por eso abre el disco con una brillante “Badlands”, esa tierra baldía fuertemente erosionada por el agua y el viento, dándonos la bienvenida a sus raíces. Con aires dylanianos, y recordándonos a ese otro “Badlands” de Springteencuenta con la colaboración en coros de bueno iver y Amelia Meath (Sylvan Esso).
En “Die Young”, dedicada a su pareja muestra su entrega a través de una preciosa declaración de amor eterno (“Y asegúrate de que si morimos jóvenes/ viviré a través de ti/ y tú también vivirás a través de mí”). Tras la calma, llega “Juvelin” con su espíritu positivo y vitalista donde nos regala una pegadiza melodía marcada por la bateria rítmica y guitarras de pop brillante. Un espíritu festivo que le valen incluso para declararse y adelantarnos una posible boda con su pareja.
En “All sinners” vuelve a su espíritu profundo e íntimo, para reflejar el duelo por aquellos amigos que perdió. Para ello se vale de su referente musicalLou Reedcon riffs sentidos y voz en modo de monólogo («Y si todos los gatos,/ tienen nueve vidas/ Y todos los perros tienen su día/ Entonces que todos los pecadores sean perdonados/ Porque Jesucristo/ Oh, seguro sería lindo/ Ver a todos mis amigos otra vez en«). En “Natural disaster” las reminiscencias folk se hacen más patente gracias a la colaboración de la gran diva country Lucinda Williams. Siete minutos que ascienden en su virtuosismo a base de desgarros eléctricos. Entonces llega “100.000”, uno de los grandes cortes que hace referencia a esos pequeños pueblos de menos de cien mil habitantes de la América profunda, donde ha contado con Meg Duffy (Hábitos de las manos), destacando un dulce y melódico punteo de guitarra que nos embriaga, para explotar en una malgama de sonidos distorsionados potenciando ese grito liberador y enérgico (“Cien mil, oh”)
“Little Wide Open” es otro corte de ocho minutos de sonido country donde recurre a instrumentos tradicionales, transportándonos a terrenos rurales y salvajes. Y es que Kevin Morby demuestra que ahora camina sin pausa pero si prisas, observando y saboreando cada sorbo de la vida (“Time, we’re not enemies, though it’d seem”). Aunque esa dualidad y espíritu contradictorio sigue presente, recordando en “Cowtown” las ganas que sintió de escapar del aburrimiento y volar lejos (“Hace tanto calor en esta vieja ciudad de vaqueros/Y nadie hace ningún sonido excepto yo con esta guitarra/Y tengo ganas de volar lejos de aquí/Sí, tengo ganas de llorar, pero ya no tengo más lágrimas”).
El sonido country y la artesanía en los arreglos perduran en canciones como “Bible Belt” llenando el ambiente de espiritualidad, como la preciosa “I Ride Passenger”, donde sólo tiene que recurrir al sonido del banjo y un arpegio repetitivo para dar ritmo a su narrativa nostálgica en recuerdo a sus padres. Al igual que en “Junebug” donde cuenta con un gran colaborador, como Tom polilla de Florencia + La Máquinapara los arreglos de arpa, logrando reflejar la cotidianeidad y la belleza de los pequeños momentos diarios.
Para finalizar, nos reserva la elegancia de “Dandelion”, una pieza nostálgica que refleja las fases cambiantes de la vida (“Sabes que la vida puede ser una apuesta, especialmente cuando divagas/Bueno, esta vez apuesta por ti mismo para salir con vida.”), antes de llegar al cierre definitivo con “Field Guide for the Butterflies”, con la belleza poética de las cuerdas dando a paso a un nuevo renacer marcado por el toque seguro de la guitarra acústica y la brillantez de los platillos de la batería.
Estafa poco abierto, el artista tejano culmina un viaje personal lleno de inseguridades y vulnerabilidad por carreteras difusas por el calor del asfalto, ofreciendo la fotografía de un músico en tránsito a través de metáforas sobre el paso del tiempo y la mortalidad, pero reclamando la necesidad de vivir y amar para recociliarnos con nuestro “yo” y valorar cada detalle de nuestras insignificantes vidas.
Escucha Kevin Morby – Little Wide Open