Lo vivido en su concierto en el último sonido primaveral fue algo difícil de olvidar. La conexión entre canciones y público era absoluta. Un silencio reverencial para dejar paso a unas melodías que irradiaban amor por la vida, fe y esperanza por un mundo mejor, y por encima de cualquier cosa, el amor mutuo que se tienen Beverly-Glenn Copeland y su esposa Isabel.
El pase barcelonés sigue en las retinas de quien esto escribe, e hizo justicia poética para poner encima del mapa sonoro a un artista que fue redescubierto en 2015 de la mano de Fantasías de teclado (1986), y que su figura ha sido revalorizado en su justa medida. El azaroso pasado de este músico ya es un referente para la comunidad queer y trans principalmente en Estados Unidos, e incluso en Fantasías de teclado reinventadas (2021), artistas como Julia Holter, arca oh Ana Roxana hacían sus peculiares versiones de algunas de sus mejores canciones; un catálogo del que hay que remontarse a los años sesenta cuando, aún sin resolver su disforia de género, hacia canciones de folk, para después desviarse por atajos de la new age, los sonidos sintetizados y la música clásica.
Llegados a este punto, tanto Copelandia como su esposa han decidido, gracias a este incentivo que les ha dado cierta popularidad, regalarse un disco para ellas mismas y el amor que se procesan. En el interior de los créditos se puede leer que estas canciones que se repliegan en risas en verano (Transgresivo2026) son cartas de amor que se dedican a una historia sentimental que arrancaría en 1992, y que además viene aparejada con la colaboración musical en discos, conciertos, etc.
Son canciones nuevas y otras ya editadas en anteriores discos, pero que tienen nuevos arreglos de la mano de Alex Samaras al piano y voz, Noemí McCarroll-Butler tocando el clarinete y silbidos, y el acompañamiento de un coro. Es excepcional los matices de la voz de nuestro artista que tiene la capacidad de emocionar dando significado a versos de una sencillez aplastante que versan sobre amor, esperanza y las conexiones humanas con el medio que nos rodea. De esa sabiduría que dan los años nacen canciones como “Harbour (At Hotel2Tango)”, una pieza que, como cada año, Beverly-Glenn Copeland le regala a su señora, los dos movimientos de “Let Us Dance” (“El viento sopla sobre la ladera / El día saluda al amanecer / El sol baila junto a / Este camino en el que estamos”), que avanza como un remanso de paz, y que el coro le da ese toque de majestuosidad incrédula.
El canadiense canta a la tradición folk con el canto popular “Shenandoah” con la voz como protagonista absoluto, mientras que otra de las canciones, “Prince Caspian’s Dream”, hace referencia en su título a Las crónicas de Narnia de Luis C.S.y contiene otro de esos versos de gran fuerza expresiva: “Doy mis días para que los guarde / A veces riendo / a veces llorando / Porque el amor está debajo / de su flujo y reflujo”. Emocionante.
Escucha Beverly-Glenn Copeland – La risa en verano