La revolución vino de Nueva York. Siempre ha venido de Nueva York. Y en el punk, aunque nos quieran hacer creer otra cosa, más que en ningún otro género. Empezó con Lou Reed y El metro de terciopelo inyectando olor a alcantarilla al rock and roll, continuó con el maquillaje barato de Las muñecas de Nueva York y culminó con el CBGB y el grito primario que impuso un álbum de escasos 29 minutos que aparecía el 23 de abril de 1976 y venía firmado por cuatro aparentes mastuerzos de Queens, un barrio en el que nadie quería entrar.

Aquellos cuatro tíos no podían ser más diferentes. Dos delincuentes juveniles más o menos reformados, que se llamaban Johnny y doug (aunque prefería que le llamaran Dee Dee), un inadaptado víctima del intimidación y extremadamente sensible muchacho judío llamado Joey y un tipo tranquilo y sorprendentemente centrado llamado tommyque era el único que ponía algo de orden en un caos al que denominaron ramonesen honor al apellido que usaba el beatle Pablo para registrarse en los hoteles cuando los cuatro fabulosos empezaban a tener éxito.
Surgieron de la nada. Cuatro personas de barrio, sin estudios prácticamente, con un gusto musical muy básico, que para nada tenía que ver con las modas de la época y sin tampoco demasiada formación musical. Sencillamente agarraron una guitarra, un bajo, una batería y un micro y se pusieron a ello. Hicieron de lo básico su insignia y vomitaron con ganas sobre cualquier artificio o atisbo de pretenciosidad. Lo suyo eran las canciones de dos minutos como mucho, la velocidad vertiginosa y las letras totalmente carentes de cualquier sombra de intelectualidad.
Cuando Ramones propulsaron el punk
Su primer disco, que ahora cumple cincuenta años, grabado y publicado por la disquera Registros de padres (que compartían con otras bandas de la ciudad como cabezas parlantes), era un manifiesto que nadie esperaba escuchar. Todo un puñetazo en los morros que al son del “1,2,3,4” que siempre espetaba el bajista antes de cada canción en los directos, irrumpía en tu cerebro y lo dejaba para siempre alterado. La expresión “volarte la cabeza” se inventó para esto.
En su portada (conoce aquí la historia), salían retratados en un callejón del East Vilage neoyorquino en una actitud que a cada uno le definía: amenazante en el caso de Johnnydiscreta en el de tommydesorientada en el de Joey y directamente ausente en el de Dee Dee. Eran cuatro personajes imposibles, de cómic, cubiertos de cuero e incomprensibles para cualquiera que no hubiera pisado el asfalto más profundo de la ciudad que nunca duerme. La instantánea-que hoy se encuentra en la colección permanente del MOMA– la tomó la fotógrafa Roberta Bayley inicialmente para la revista Punk (quienes popularizaron el nombre del movimiento), pero sus derechos los compró Padre tras fracasar estrepitosamente intentando hacer posar a la banda para una portada al uso.
Este fue sin duda otro de los afortunados accidentes que fueron generando la leyenda. Hay veces en que sí puede juzgarse un libro por la cubierta, al contrario de lo que dice la canción. Y esta fue una de esas veces. Lo que veías fuera es lo que encontrabas dentro. Un huracán de melodías simples ejecutadas por cuatro desarrapados sonando a la velocidad de la luz y atronando en el altavoz.
El camino hasta llegar ahí llevó su tiempo recorrerlo, aunque no mucho: se habían juntado en 1974. Se conocían del barrio y el instituto y tenían en común, básicamente, que a todos les daba asco el rock progresivo y el heavy prominente en la época. Adoraban a los Beatlesa los piedrasa espectro y a Chuck Berry y querían devolver las cosas a como eran antes. Al principio era Joey quien se encargaba de la batería, pero con tommysiempre conciliador y analítico, encontraron a alguien que cuadró su sonido y dejaron que aquél ser desgarbado e inadaptado desplegara su simpar personalidad frente al micro.
Debutaron ese mismo año en el CBGB (siglas para Country, Bluegrass y Blues), un club del Bowery regentado por una especie de hippy alucinado llamado Kristal montañoso en el que no encajaban ni por asomo. Pero el impacto que causaron a los cuatro gatos que les vieron subidos al escenario peleándose entre ellos por ver cuál era la siguiente canción y armando tal ruido que cualquier edificio en construcción hubiera parecido un jardín del edén, fue el germen del boca a boca que empezó a ponerles como foco principal de algo que ya llevaba tiempo cociéndose en la ciudad. Tras ellos llegaron otros como Televisión, rubia, Suicidio o los mencionados cabezas parlantes. Y ya nada volvería a ser igual.
Pero ellos llegaron primero y más fuerte. Y sólo era cuestión de tiempo que alguien se fijara para grabar su material. Un material que consistía en miniaturas de canción -al menos para los estándares de la época- de estructura y letra ultra-básica que eran escupidas directamente a la cara de cualquiera que se atreviera a escuchar. Que empezaron a ser unos cuantos. Por eso Padre Records, la disquera de Seymour Steindecidió hacer la apuesta.
El factor clave para esto fue que a danny camposun avispado agente (fue el responsable de fichar a MC5 y Los chiflados a electra Records) le entraron por el ojo y quiso representarles: “Los Ramones tenían todo lo que a mí me gustaba. Las canciones eran cortas. Sabías de lo que iban en cinco segundos. No tenías que analizar y/o determinar qué era lo que estabas viendo y oyendo. Estaba todo ahí y cada aspecto de lo que estaban haciendo era excelente: la ropa, la pose, las letras. El sonido fue lo que me atrapó… contenía todo lo que el mundo necesitaba entonces. Ya sabes, llena la jeringa, aquí está mi brazo”.
Campos fue determinante para el fichaje de Padre. Gracias a él el mismísimo Seymour Stein se pasó por el CBGB para verles actuar, tras algún desencuentro previo con el A & R de la compañía. El flechazo fue instantáneo y a principios de 1976, Los Ramones firmaban un contrato para grabar su primer álbum. El sello puso una cantidad algo ajustada, 6000 dólares, pero no necesitaban más: con todo lo que se habían pateado escenarios aquellas canciones, en cosa de una semana metidos en el viejo estudio Sonido Plaza (ubicado en la octava planta del Radio City Music Hall), el álbum estaba listo.
El productor fue Craig León (en parte responsable del fichaje de ramones por Padre y también productor de rubia oh Suicidio), pero a él se unió un Tommy Ramón que empezaba a aplicar su temperamento analítico al sonido de la banda y sabía exactamente cómo debían hacerse las cosas. Así que este fue su aprendizaje. A partir del segundo álbum, Salir de casasería él quien tomaría las riendas durante la etapa dorada del grupo, asumiendo también la dirección de su gran clásico Cohete a Rusia y de Camino a la ruina.
El debut de los ramones es tan bueno porque entre todos supieron capturar fielmente lo que era el sonido característico de una banda totalmente curtida en directo. Lo hicieron grabando juntos en el estudio y siguiendo las técnicas de los primeros Beatlesempleando de forma radical el estéreo: la guitarra de Johnny sonaba sólo por el canal derecho, el bajo de Dee Dee por el izquierdo y batería y voz por el canal central. Así lograron un sonido orgánico y totalmente fiel a su estilo.
Tras el característico grito de guerra de Dee Deeaquél “1234” espetado con voz marrullera que servía siempre de entrada a todos los temas en directo, la suerte estaba echada: “Blitzkrieg bop”, ese urgente himno adolescente escrito por tommy bajo la imaginería de la guerra relámpago nazi servía de infalible tarjeta de presentación a una colección de catorce composiciones, casi todas originales, que no dejaban resquicio ni al aburrimiento ni al pensamiento. No había que pensar, tan sólo dejarse llevar. Y punto.
El álbum funciona como una bomba de relojería, con toda su precisión, potencia y efecto expansivo. No puedes prácticamente ni tomar aire: “Beat on the brat”, “Judy is a punk”, “Loudmouth”, “I don’t wanna walk around with you”, “Havana affair”… menos mal que ahí está el encanto pop de “I wanna be your boyfriend” para ofrecer algo de respiro entre tanto salvajismo. Pero vamos, era anecdótico, porque el efecto del bloque seguía siendo el mismo. Era un disco diseñado para cambiar tu mundo. De golpe y sin remisión.
Y sobre todo, fue el disco que se encargó, de una vez por todas, de definir lo que es el punk. Habla Joey: “Básicamente, el punk es rebelión. Es introducir un cambio donde ese cambio resulta necesario. Es una actitud, ya sea los ramonesoh Elvis Presley oh Jim Morrison. Las cosas estaban paradas, habían ido perdiendo fuerza, la verdadera esencia y el movimiento desaparecieron. Y lo que nosotros hicimos fue recuperar el entusiasmo, la sencillez y la provocación. Todo el mundo estaba tocando rock’n’roll, que era un término generalizado. Punk parecía resumir todo para la gente que no sabía lo que estaba pasando”.
Todos los que fueron algo después en aquél movimiento, Joe Strummer, David Vanian, Juan Lydonescucharon ese álbum y fueron a ver a los ramones cuando fueron a tocar a Londres. Su influencia fue masiva y decisiva para cambiar el rumbo del pop, pero el éxito, ay, se les resistía. El álbum fue un fracaso de ventas. No es que el sello hubiera hecho una gran inversión en la banda, pero desde luego, se esperaba que los principales responsables de haber puesto en marcha el nuevo sonido tuvieran un desempeño en listas superior a aquél puesto 111 del Cartelera del que no lograron pasar.
Esto sería su sino. Durante años, verían pasar como teloneros en sus giras a bandas que poco después se hacían infinitamente más grandes que ellos (rubia, Los B-52, Los fugitivos…) y tenían que conformarse con seguir arrastrando sus traseros por salas de baile y demás locales de mediano aforo, cuando su influencia era plenamente reconocida por todo el mundo.
Pero las cosas siempre terminan por estabilizarse. Hoy día el debut de los ramones es ampliamente reconocido como el disco punk por antonomasia y el pistoletazo de salida del renacimiento del rock and roll como música urgente y provocativa, algo que nunca debió dejar de ser. Es un álbum totalmente icónico en el que todos los elementos, desde la portada hasta cada uno de sus surcos, son una marca registrada que significa punk. Una absoluta obra maestra que nunca agota sus recursos para sorprenderte y que sigue volando cabezas a nuevas generaciones. Un irrepetible caballo de troya que una vez se introdujo en sociedad, la conquistó sin remisión. Y sin duda, uno de los trabajos discográficos más importantes de la historia de la música. Si alguien dentro de 2000 años pregunta qué fué el rock and roll, no tiene más que darle fuerte a estos 14 temarros.
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