El cartel, propiciado por Visitas Primaveraque reunió el pasado jueves a: JAD, Jarhead Fertilizer, The Body y Full of Hellaunque no lo pareciera, era muy coherente, teniendo en cuenta que, The Body y Full of Hell han editado discos compartidos y ya han girado en giras conjuntas, como lo hicieron hace ahora diez años por toda Europa.
Los primeros en salir fueron JADllegados desde Varsovia y activos desde el 2017. Su concierto fue, seguramente, el más encuadrable dentro de lo que podríamos llamar un género “normal”, si es que esa palabra tenía algún sentido en una noche así. Los que hubieran escuchado su material reciente, especialmente Represalias (2025) sabían que lo suyo es hardcore clásico, ejecutado con la urgencia exacta que requiere el género.

A esas horas no había mucha gente en la sala, algo normal si tenemos en cuenta que sigue siendo difícil acostumbrar a este país a horarios tempranos en lo tocante a conciertos, pero el cuarteto polaco no dio sensación de estar tocando en ningún momento para un público tibio o a medio gas. Al contrario, descargaron un set breve, muy bien tocado y con una inmediatez exenta de adornos o discursos. Cumplieron con creces y dejaron señales de que eso no iba a ser una noche contemplativa.
Llegaron Fertilizante Jarhead y con ellos se acabó cualquier amago de cordialidad o buenas formas. Si alguien estaba tratando de colocarse en situación en la sala, el trío de Maryland se encargó de despejar dudas a base de brutalidad sonora.
Ya antes de comenzar su set, hubo una imagen que resumió perfectamente el espíritu del grupo, su batería; David Blandque además es el vocalista principal, se paseó por la sala y por el escenario, realizando pruebas de sonido y colocando los herrajes de su instrumento, con unas cadenas de verdad colgadas por toda la parte superior de su cuerpo. Con unos eslabones tan desproporcionados como el diámetro de unas galletas Fontaneda, no parecían ser una boutade puntual, se le veía tan a gusto, que uno acaba pensado si ese tipo va a comprar el pan de esa guisa.

Puede que la imagen fuese grotesca, sí, pero casaba perfectamente con la música que vendría después. También ofrecieron un set corto y salvaje, con predominio de guturales y una batería sencillamente demencial apoyada en blast beats y doble pedal sin un segundo de descanso. Jarhead Fertilizer practican una suerte de black metal, doom, death y grindcore, pero lo importante de estos cuatro cazurros no son las etiquetas, más bien en como las presentan y traducen en directo; una sensación de amenaza constante y de castigo insistente, una música concebida para aplastarte y ya está. De todas las propuestas que cualquiera pueda ver dentro del circuito underground de música extrema, la suya puede que sea de las más salvajes.
Estafa El cuerpo la noche cambió de naturaleza, todo lo que se había planteado desde las dos primeras propuestas, escupidas a la jeta desde el choque frontal y la violencia sonora inmediata, fue sustituida por otro tipo de demolición musical. Lo del dúo fue más abstracto e incómodo, pero, sobre todo: más imprevisible. No estuvo Lee Buford a la batería, de manera que de la pareja oficial solo compareció el grandullón de rey chip, suficiente de todas las maneras para que su actuación estuviera plagada del ruidismo y experimentación que definen a la banda.

El cuerpo no funcionan con una lógica de un repertorio al uso, por lo que se antoja difícil saber que temas tocaron. Su querencia por la improvisación volvió a quedar patente desde el escenario, solo el batería sustituto tenía un escueto papel que hacía de setlist, mientras Chip se dedicó a levantar capas de guitarras y berridos, destruyendo y construyendo el mismo muro de sonido una y otra vez.
La negativa de Chip a ofrecer un set reconocible se materializó en el gesto final del baterista, cuando vio que el setlist se había acabado y el guitarrista le hizo un gesto para que hiciera otra vuelta. Lo que vino a continuación fue una suerte de improvisación en clave de ritmos jazzísticos mientras King seguía haciendo de las suyas, convirtiendo cada rasgueo en una experiencia más cercana al desgaste físico que a un concierto convencional. The Body apostaron por la agresión permeable y toxica frente a la velocidad del resto del cartel.

Todo apuntaba inevitablemente a lleno de infierno y salieron a hacer exactamente lo que se esperaba de ellos: no dejar prisioneros y no dejaron ninguno. Lo suyo fue una exhibición de autoridad y exceso sonoro en toda regla. Conviene comentar un detalle que ayuda a comprender la lógica del cartel y la gira, lleno de infierno y Fertilizante Jarhead comparten batería y el guitarrista de los primeros se convierte en bajista en los segundos, por lo que todo tiene bastante más sentido del que podría parecer ante una lectura rápida del cartel.
A estas alturas el proyecto consolidado de Dylan Walker no necesita ser tratado como una extravagancia dentro de las músicas extremas. Aunque este reclama, no sin falta de razón, su lugar en este mundo, lo interesante es que, por mucho que lo haga, sigue siendo difícil ubicarlo dentro de un marco cómodo.

Su propuesta experimental dentro de la música extrema y el grindcore que practican no es la habitual para el público más ortodoxo de estos géneros. Al mismo tiempo su maximalismo y su manera de trabajar el sonido tampoco encajan sin más en un circuito «pretensioso”o “intelectualizado”, colocándolos un poco en tierra de nadie.
En directo todo esto se plasmó con una sensación de caos total y control a partes iguales. Dylan Walker se pasó su corto y brutal set moviéndose de un lado a otro del escenario, convirtiéndose en un catalizador humano de energía. Solo se detenía (y no mucho) cuando se desplazaba al centro para manipular pedales y sintes al servicio de una máquina que, de por sí, ya funciona al borde del infarto.

Lo que iba ocurriendo abajo del escenario era una mezcla entre celebración festiva y acuerdo tácito de los que sabían que Full of Hell había venido a arrasar. Gran parte del set se construyó a base de tu aclamado Éxtasis trompeteando (2017) y temas como: “Ashen Mesh”, “Bound Sphinx”, “Branches of Yew”, “Crawling Back to God”, “Digital Prison”, “Gnawed Flesh” convirtieron su actuación en un huracán de magnitud incuantificable.
Y si Dylan fue la imagen visible de este fenómeno, conviene detenerse en el mencionado Dave, otro de los sellos fundamentales de Full of Hell. Antes había dejado claro su nivel con Jarhead Fertilizer a la batería, pero aquí confirmó que es una pieza esencial de la banda. Su forma de tocar es gran parte del esqueleto sonoro de Full of Hell, difícil combinación de violencia sonora, precisión y sensación de peligro constante, como su manera de cantar con guturales que también saca a relucir aquí.

Hubo también guiños a otro de sus discos más importante y reconocible para los fans más aguerridos, el oscuro e inquietante Coro Llorón (2019) del que cayeron algunas como: “Burning Myrrrh”, “Haunted Arches”, o “Silmaril”. Para finalizar se marcaron una versión de “Oven” de Melvinsparece que una de sus bandas favoritas.
Un cartel necesario que demostró que la música extrema aún puede ser un lugar de riesgo y libertad creativa real, huyendo de los clichés que, tan a menudo, inundan este tipo de música. Bandas que siguen habitando esa rara tierra de nadie que hay entre el grind, el noise y la experimentación y que cuando las ves, sabes que ese era el lugar donde había que estar.
Fotos Lleno de Infierno + El Cuerpo + Fertilizante Jarhead + JAD: Fernando del Río