El secreto, la fórmula de la canción perfecta. Esa piedra filosofal extremadamente preciada, que salva carreras e incluso asegura jubilaciones. Sólo con una de esas canciones totalmente redondas hay quienes se han labrado una trayectoria entera (¿les suena aquello de “one hit wonders”?), de modo que si ya de lo que hablamos es de llenar todo un álbum completo de canciones perfectas, nos acercamos a la utopía.
Esa proeza ha sido realizada no pocas veces en la historia del pop, creo que a todos se nos ocurre algún ejemplo, pero lo que no es tan frecuente es lo que sucede en el caso que nos ocupa: mantener esa perfección durante tres discos, dando forma a una trilogía. No sabemos si ese era realmente el propósito de Jessie Ware cuando en plena pandemia nos hizo bailar a todos en casa al son de un álbum, ¿Cuál es tu placer? (2020) que era todo lo que uno podía desear del (buen) pop: dosis de disco music, electrónica de club, soul elegante, un poco del pop sofisticado qué Trevor Cuerno fabricaba junto a ABC, chicos de la tienda de mascotas oh Frankie va a Hollywood y una capacidad sobrehumana y totalmente propia para tejer melodías irresistibles.
A base de eso, incluso sin poder salir por ahí a bailarlo o disfrutarlo en directo, aquél disco fue todo un éxito. De modo que en el siguiente no sólo repitió la fórmula, sino que la perfeccionó: ¡Eso! ¡Se siente bien! (2022) confirmó plenamente los aciertos de su predecesor, con otro conjunto de canciones sin un mínimo resquicio de fisura entre ellas. Una proeza que perfiló la secuencia de una serie de discos dedicados al baile, al hedonismo y al pop en su más grande acepción.
Esa serie de trabajos, tal como ya se ha anunciado, finaliza ahora con la nueva referencia de Jessie Wareque se ha hecho esperar cuatro años. Su título es Superfloración y seguramente ha tardado tanto porque su autora tenía un listón bien alto que superar. Dos precedentes mayúsculos que provenían de alguien que, no lo olvidemos, nunca había trabajado el estilo disco-pop exuberante, festivo y sensual, sino más bien la electrónica minimalista e intimista. Eso añade mérito a esta especie de reto que Superfloración viene a culminar, si es que la autora ha podido repetir el mismo bote que en las dos anteriores ocasiones.
Y así ha sido. De nuevo es imposible encontrar el más mínimo punto flaco. Y eso que es un disco cocinado básicamente en casa y centrado conceptualmente en la relación con su marido, el también músico Sam Burrowscon el que lleva media vida. Un muestrario de intimidad sorprendentemente puesto a disposición del público a través de irresistibles invitaciones al baile y al deseo sexual. A base de eso Mercancía se las apaña no sólo para entretener, sino para convencer artísticamente en un conjunto que en los detalles es donde encuentra su mayor razón de ser.
Conceptualmente imaginado como un jardín secreto poblado de dioses y diosas que representan distintos aspectos de la relación entre Jessie y Samel álbum despega inmediatamente, tras un pequeño preludio, con la ya conocida “I could get used to this”, una de esas canciones por las que cualquier artista pop vendería su alma al diablo. Inmediatamente nos envuelve su mundo de fantasía, nos metemos en el jardín secreto y todos esos violines, coros y melodías flotantes funcionan como una potente droga de diseño que nos atrapa en su ambrosía.
Y es que lo ha vuelto a conseguir: contra todo pronóstico lógico el álbum ni funciona como una repetición de jugadas anteriores, ni baja la guardia creativa un ápice. Pueden hacer la prueba, pinchen la canción que pinchen, acierto asegurado. Hasta guiños kitsch como el homenaje a Morricone que abre la espectacular “Ride” suenan con enjundia a manos de una mujer que -con la ayuda de productores habituales como niño karma oh Precio de Estuardo– ha querido en esta ocasión mantener especialmente en sus manos el control creativo de su obra.
Y le ha quedado sublime. Es imposible no rendirse a la evidencia de que “Automatic”, “Sauna”, “Don’t you know who I am” o el potentísimo final que rubrica “Mon amour” no son sino ejemplos de un conjunto que es como un bloque de placer dispuesto a colisionar contigo y dejarte tan satisfecho como sólo puede hacerlo el pop. Y es que ya no cabe duda: la perfección pop tiene nombre y ese nombre esJessie Ware. Una lástima, por tanto, que ya haya anunciado que con este Superfloración cierra su trilogía disco y el próximo irá por otros derroteros. Aunque, a este paso, cualquier cosa que le de por hacer a esta mujer será sin duda lo mejor que les pueda pasar a nuestros oídos.
Escucha Jessie Ware – Superbloom