El año pasado pasó por esta sección Wendy Eisenberg cuando desgranamos el gran disco firmado como editrizuna de las bandas en las que opera la cantautora y brillante guitarrista. Un disco de rock musculoso que estaba formado por canciones en las que el factor improvisatorio era una de sus cualidades a las que, en ningún momento, ha dejado de fomentar esta artista.
Eisenberg tiene una larga carrera a sus espaldas. Sus problemas con la ansiedad se paliaban rasgando el mástil de una guitarra que ya empezaría a empuñar a los once años. Sus inicios artísticos hay que hallarlos en la escena subterráneo jazzística tanto de Baltimore como de Washington, aunque el verdadero estímulo que la hizo avanzar hacia los pantanosos terrenos de la improvisación fue descubrir a Ornette Coleman. Tras pasar por diferentes grupos de espíritu indómito, empieza su carrera en 2015 (Obras tempranas recopiladas es su primera referencia, y en donde se dan cita influencias de Elliott Smith o la bossa) codeándose con artistas de americana raray componiendo canciones inspiradas en lo que ella misma denomina “weirdo country interpreters” como Richard Dawson oh juana Newsom.
El punto de no retorno en su trayectoría llegaría cuando Juan Zorn se fijó en su manera selvática de tocar la guitarra, y le editó en su sello tzadik, El inconsciente maquínico (2018), un magnífico trabajo en el que se adentra de lleno en los parámetros free noise jazz mezclando texturas electrónicas con las notas oblicuas que extrae de su guitarra en un flujo desarmante de giros armónicos. Luego llegaron otras formaciones como Cariño o sus colaboraciones con otro gran guitarrista como es Bill Orcutten donde ella forma parte del Cuarteto de guitarras de Bill Orcutt junto a ava mendoza y Parroquia de Shane.
En el caso que nos ocupa, el espléndido Wendy Eisenberg (Ruido alegre2026), nuestra protagonista a contado con la colaboración de Mari Rubio alias más facilidad -uno de los activos más importantes de la actual música de vanguardia- a la coproducción, los arreglos orquestales y a la pedal steel, así como el contrabajista Trevor Dunnel baterista ryan Aserradoro el chelo de Lester San Luis. Un disco elaborado con calma, y abrigada por los amigos que ha ido haciendo con el paso del tiempo. La propia autora dice en su página de bandcamp que “Por fin estaba rodeada de gente que me aceptaba. Muchas de las canciones de este disco se escribieron en ese nuevo sentimiento. Quería que fuera profundamente reconfortante, aunque describa grandes cambios en la comprensión y valoración de uno mismo. Trata sobre el alivio”.
El cancionero es una primorosa muestra de folk intimista y libérrimo con arreglos que acarician como en la inicial “Take A Number”, con el violín de rubio entrando y saliendo del encuadre; los arpegios ensoñadores de la guitarra se funden en las cenefas orquestales en una suerte de Americana cósmica en donde reencontrarse con la sombra de Judee Sill entre arabescos al Parques Van Dyke. Glorioso.
La influencia de Willy Nelson se deja notar en la hermosa “Will You Dare”, y de nuevo, Eisenberg juega con las notas a su antojo con el acompañamiento de la pedal steel; en “Another Lifetime Floats Away” la canción va zigzagueando por parajes inusitados ornamentados con aires jazzy y de soleada psicodelia, mientras que “Vanity Paradox” se desliza por terrenos de avant-rock, y es realmente emocionante, de nuevo, el preciso diálogo entre los instrumentos para crear una suerte de conjuro onírico.
Escucha Wendy Eisenberg – Wendy Eisenberg